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Leyes que permitieron la Propagación de la Tecnología

Unleashing the Killer App En el año 1998 cuando lo más moderno era enviar mensajes de texto por los celulares (SMS) y las pantallas a 256 colores de estos dispositivos nos parecían novedoso, los investigadores se atrevieron a ver un paso más allá.

Este libro es ideal para los emprendedores que deseas que sus proyectos triunfen, entender como es que funciona la plataforma tecnológica y como se manejan los costos es imprescindible para que un negocio no solo crezca sino que se fortalezca.

Ley de Moore

Gordon Moore, fundador de Intel, principal fabricante de microprocesadores, expresó los indetenibles crecimientos exponenciales en la velocidad, tamaño y costo de los procesadores, quienes desde 1960, cada dieciocho meses, se doblará su densidad y por ende el poder de procesamiento, mientras el costo se mantiene constante. La tendencia es simple: más rápido, más barato, más pequeño.

Ley de Metcalfe

Robert Metlcalfe, co-fundador de 3Comm, hizo la observación que las redes, bien sea telefónicas, de computadores o de personas, dramáticamente incrementa su valor con cada nodo adicional. Esto se puede expresar como que la utilidad de una red es equivalente al cuadrado del número de sus usuarios.

Es importante destacar que las Leyes mencionadas, si bien son clasificadas como tal, no hay evidencia de haber sido sometidas a las investigaciones y pruebas de una ley física o química.

Desde el comienzo de esta década, la Ley de Moore y la Ley de Metcalfe han operado juntas en nuevas formas. La ley de Moore ha hecho posible la económica digitalización de cualquier dispositivo, desde una tostadora hasta un vehículo, pasando por juguetes de niños y baños en lugares públicos, y por supuesto, cada vez más poderosos y asequibles computadores personales.

La proliferación de dispositivos nos ha llevado a la búsqueda de estándares de unificación que permita que se compartan los contenidos digitales y se multiplique su valor en el proceso.

El Impacto de Internet

Estos estándares con los que cuenta la industria no vinieron de arquitecturas propietarias de proveedores tradicionales de computación y comunicaciones, como IBM y AT&T, sino de una red construida por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica para interconexión de las universidades y que sirviera de respaldo de su red de comunicaciones, en caso de guerra, llamado Internet.

En 1993, el protocolo de comunicación de Internet alcanzó su masa crítica y desde entonces, el valor de cada nodo adicional ha sido tan grande que, como si fuera una fuerza gravitacional, absorbe cada dispositivo y red a su paso.

Con este ambiente de computación tan económico instalado, la Ley de Moore y la Ley de Metcalfe comenzaron a alimentarse la una a la otra, dando cabida a nuevos productos de software y estándares que pueden ser liberados en la Internet y distribuidos con precios tan económicos, que los distribuidores con gusto dan sus productos sin costo para alcanzar su masa crítica rápidamente.

En adición a esta inagotable base de información que se incrementa continuamente, mejora el beneficio social general creando lo que los economistas llaman “beneficios públicos”, ya que se está haciendo más fácil a la gente el uso de la información y a los dispositivos el hecho de encontrar, usar, compartir y agregar información en la red. Internet se ha desarrollado como un ambiente comercial: un mercado abierto en el sentido real de la palabra, denominándose “Espacio de Mercado” (del inglés marketspace) y se ha convertido en la verdadera base de la moderna organización industrial.

El mercado en estos días está mejorando su eficiencia bajando los costos a la velocidad de la Ley de Moore y con la efectividad de la Ley de Metcalfe, teniendo que actualizarse las empresas típicas de la Era Industrial, cuyas largas historias de regulación anticompetitiva, costosa y obsoleta estructura tecnológica, las mantiene alejadas de la evolución hacia la que se están orientando los mercados en la actualidad.

Aunque el mercado puede llegar a alcanzar su masa crítica en cuestión de meses o semanas, las empresas demoran meses o años sólo para instalar la última versión del sistema operativo o una “suite” de aplicaciones de planificación de recursos financieros o ERP (“Enterprise Resource Planning”).

Esta creciente brecha lleva a Ley de las Empresas Decrecientes (que se explica mas adelante), la cual establece que a la vez que el mercado se hace más ineficiente, el tamaño y la complejidad organizacional de la empresa se vuelve antieconómico, en la orientación que éstas existen para reducir los costos de transacciones más eficientemente.

Las tendencias apuntan hacia la disminución del tamaño, “outsourcing” y cualquier otra actividad distribuida que lleven de la gerencia centralizada a la descentralizada, tendencias que se deben acelerar en los próximos años.

Las empresas no desaparecerán, pero se harán más pequeñas y comprimidas en complejas redes de relaciones bien manejadas con asociados de negocios que incluyen clientes, proveedores, reguladores y hasta accionistas, empleados y competidores.

Adicionalmente al cambio que se está generando en las empresas, la interacción de las Leyes de Moore y Metcalfe, está creando un poderoso segundo efecto que sin intención está retando las bases de los sistemas de negocios en general, como los sistemas sociales, económicos y hasta políticos.

La velocidad y trayectoria de la revolución digital han creado frecuentes y más desgarradoras ondas que cualquier tecnología que la precediera, dando a cada persona un caso permanente de “choque al futuro”. Este fenómeno puede ser llamado le Ley de Desorganización (“Law of Disruption”), la cual establece que mientras los sistemas sociales mejoran incrementalmente, la tecnología se mejora exponencialmente. A medida que la brecha entre las dos se incrementa, lo hace el potencial para cambios no continuos y la desorganización.

La digitalización apuntala las ya potentes tendencias hacia la rápida desregulación de las industrias y globalización de los mercados, creando un poderoso trío de nuevas fuerzas que supera en poder a las amenazas competitivas que la generación de ejecutivos de mayor nivel, gerentes y estrategas han sido entrenados para seguir.

Costos de Transacción

Las Leyes de Moore y Metcalfe explican como la tecnología digital expande las aplicaciones, pero es importante entender por qué los ejecutivos de los negocios ven a la tecnología como su principal competidor, en vez de su mejor arma.

La explicación viene de un joven economista llamado Ronald Coase, quien efectuó observaciones, en los años treinta durante la Gran Depresión, en empresas esparcidas por todo el territorio de los Estados Unidos de Norteamérica, descubrió el “costo de transacción”.

Para entender el concepto es importante pensar en lo que se tiene que hacer en una empresa para suplirse de cualquier insumo de oficina o productivo, donde es importante comenzar por negociar el precio, escribir una orden de compra o un contrato, inspeccionar el material que llegó y eventualmente, invocar al sistema legal. Los costos acarreados en todo el proceso, son añadidos al producto.

Hay seis tipos básicos de costos de transacción:

a) Costos de búsqueda: son los esfuerzos realizados por compradores y vendedores para encontrarse unos a otros, dentro de un mercado abierto que cada vez es más amplio y desorganizado.

b) Costos de Información: para los compradores, el tratar de aprender acerca de los productos y servicios de los vendedores y la base de sus costos, margen de ganancia y calidad. Para los vendedores, tratar de aprender acerca de legitimidad, condición financiera y necesidades que pueden llevar a ofrecer un precio mayor o menor al comprador.

c) Costos de Convenios: cuando los compradores y los vendedores acuerdan sus términos para la venta o para contratar los servicios, lo que puede incluir reuniones, llamadas telefónicas, cartas, faxes, correos electrónicos, intercambio de datos técnicos, catálogos, entretenimiento y costos legales de contratar negociaciones.

d) Costos de Decisión: para los compradores, evaluar los términos del vendedor comparados con los de otro potencial vendedor y procesos internos como aprobación de compras, diseñadas para asegurar que se está cumpliendo con las políticas de la organización. Para los vendedores, evaluar si vender a un comprador en vez de a otro o a ninguno de ellos.

e) Costos de Póliza: cuando los compradores y vendedores se encuentran en los pasos necesarios para intercambiar los bienes o servicios, y los términos bajo los cuales la venta se efectuó pueden haber sido ambiguos o hasta no especificados. En este caso deben efectuarse las aclaratorias cuyos costos son trasladados a los bienes o servicios intercambiados.

f) Costos de Refuerzo: son compradores y vendedores asegurándose que los términos insatisfechos son remediados. Esto puede estar en el rango comprendido entre un arreglo mutuo en un descuento u otras penalidades con los frecuentemente altos costos de litigación, usando a un tribunal para que decida sobre las disputas asociadas con la transacción.

Coase llegó a la conclusión que las empresas son creadas para que el costo adicional de organizar y mantener la estructura para efectuar muchas transacciones, sea menor que el costo de hacerlo individualmente. La empresa deberá expandirse hasta el punto en el cual el costo de organizar una transacción extra dentro de la empresa, sea igual a la de hacer la misma transacción fuera de ella, en el mercado abierto.

Que el mercado por si mismo se pudiera volver más eficiente reduciendo los costos de transacción fue algo que Coase no había considerado, pero el resultado cuando el mercado lo hace, es predecible, por la naturaleza de las empresas. Si la empresa crece en tamaño, hasta que alcanza el punto en el que la próxima transacción sería tan barata como hacerlo fuera de la empresa, si el mundo fuera de la empresa se vuelve más barato. El corolario natural es que la empresa se contraería, dando lugar a la Ley de Empresas Decrecientes, que indica: en la misma forma que el costo de transacción se hace cero en el mercado abierto, lo hace en la empresa.

Las Leyes en operación hoy

Los economistas han hecho poco para cuantificar el impacto de los costos de transacción en los mercados tradicionales, pero la Ley de Empresas Decrecientes convertirá el lugar de mercado (“marketplace”) en el espacio del mercado (“marketspace”), siendo las primeras víctimas en la reducción de los costos de transacción los negocios de información y servicios, tales como comerciantes, agentes e intermediarios.

Las otras víctimas que habrá al principio serán las industrias maduras, las reguladas, los monopolios y los carteles, los cuales por definición evitan la competencia en los mercados abiertos y han hecho poco por reducir sus costos básicos. Aún más, estas empresas han demostrado que son vulnerables y frágiles cuando se enfrentan a competencia o desregulación, siendo la inversión en tecnología la clave fundamental de su competitividad.

A medida que el costo de transacciones cae las empresas toman ventaja por la economía de escala que les produce la repetición, ya que son mejores que lo que podrían conseguir en el mercado o que sus competidores.

Otro efecto de reducir los costos de transacción en el mercado es que se fuerza a los participantes en industrias estables, a reconsiderar quién está capturando los márgenes. Cada actividad de distribución, desde productos básicos hasta bienes de consumo, incluyen un rango de intermediarios tales como mayoristas, financistas, aseguradores y almacenistas, quienes reducen los costos de transacción para las funciones que están fuera de la empresa.

El intermediario es útil para la transacción únicamente si es más barato que la función similar en el mercado abierto. Consecuentemente, es evidente que a medida que la tecnología reduce los costos de transacción en el mercado abierto, el rol del intermediario se hace menos necesario. Las transacciones más complejas se están desagregando y los intermediarios que no están agregando suficiente valor al mercado abierto, están siendo desincorporados.

Fuente:  “Unleashing the Killer App”, por Downes, Larry y Mui, Chunka. Harvard Business School Press, 1998.