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Llega la navidad  y con esta festividad un mensaje de paz,  felicidad, amor y unión de familia.
Es momento de adornar la casa, colocar el árbol de navidad con los chicos, el nacimiento y buscar los regalos que los chicos han estado insinuando las últimas semanas o que nos  han pedido a gritos.
Pero estoy segura que todo este tiempo en tu cabeza está rondando la pregunta  ¿ahora con quién se pasa navidad?
Tus hermanos se reunirán en casa de tus padres, y claro ellos esperan que estés presente pero por otro lado en la casa de tus suegros también habrá cena y tus cuñadas esperan contar con el hermano mayor presente y claro con los sobrinos.
Díganme una cosa, ¿cómo ustedes pueden lidiar con este rollo?


Al inicio confieso que era divertido ir de un lado a otro cada año y cumplir con ambas familias. Pero los chicos crecen y me parece que debemos tomar conciencia que somos también una familia. Y aunque  cuatro, somos un núcleo familiar que puede tranquilamente  organizar y pasar la navidad juntos!


Yo creo que los adultos de ahora ya tuvimos suficiente navidad de niños para pasar con nuestro padres y que este es el momento de nuestros hijos. Es el momento  de organizar en familia nuestra propia navidad y reflexionar juntos sobre el verdadero significado y valor de la navidad.


He visto y vivido de cerca aquellas navidades en las que teníamos los hijos que decidir si la pasamos con mamá y los abuelos maternos o viajamos con papá a pasar la navidad con los abuelos paternos y los tíos y primos de la otra familia. En realidad es muy triste, es casi en dimensión pequeña un divorcio en el que debes decidir a quién quieres más o con quién quieres irte. Y es que para mi pesar, mis padres nunca terminaron de ser hijos.

Particularmente, pienso que la navidad incluso de dos, marido y mujer, es perfecta. Vale la pena organizar la cena para dos y hasta resulta divertida. No estoy en contra de las navidades con una gran familia, abuelos, tíos, primos, hermanos, etc. Pero deberíamos dar opción a la navidad que significa recogimiento y amor.
En verdad Navidad es una fiesta muy linda y llena de ilusión, pero no perdamos el verdadero sentido de la navidad por preocuparnos de cosas que en realidad no pasan de ser triviales.

Las mujeres solemos dedicarnos mucho, cuando solteras, al cuidado de nuestra figura. Siempre estamos pendientes de nuestro peso, de contar las calorías que ingerimos, de hacer ejercicio para que nuestro cuerpo luzca con curvas perfectas y bien tonificado.


Este proceso se suele intensificar en la temporada previa al matrimonio, es más, optamos por algún tratamiento corporal que nos deje regias para ese momento  inolvidable.


Pero que pasa luego que se acaban la ceremonia y la luna de miel?
Qué sucede luego cuando llegan los hijos?

Son muy pocas las mujeres que se cuidan luego en el matrimonio. Empezamos a subir de peso, ya no nos preocupamos por ejercitar nuestros músculos, es más, si tenemos hijos, nos olvidamos completamente de ser mujeres.
Nos dedicamos a ser madres, a trabajar dentro y fuera de la casa y empieza la devacle.
¿Es que acaso, ya conseguimos "casarnos" y eso es todo? Aquí se acabó el encanto.

¡Y los esposos! ni hablar.
Empiezan a comer desmesuradamente, se dedican a ver televisión en la casa aferrados al control remoto o a beber cervezas con sus amigos.
Entonces la barriga crece, cambian de talla de pantalón, y siguen cada vez aumentando su masa corporal.

Si bien los intereses en el matrimonio van más allá de la apariencia física, me parece que es importante mantenerse con una apariencia agradable a la vista.


Ahora, la llegada de los hijos nos convierte en madres pero no dejamos de ser mujeres, y no debemos dejar de sentirnos mujeres.


El matrimonio es un buen momento para cuidarnos más que nunca. Somos dos, para ponernos las pilas en hacer dietas, para salir juntos a caminar o correr o ir al gimnasio juntos.
Somos dos, para cuidarnos mutuamente el uno al otro, de tal manera de tener a la persona que amamos siempre en forma y saludables.


El amor también es salud.

¡Manos a la obra!