Desde hace tiempo se invoca a a tener cautela para evitar ser sorprendidos con llamadas telefónicas por parte de extorsionadores o ser víctimas de fraude, clonación de tarjetas y estafas por Internet.
Los extorsionadores aprovechan, con cierta información en mano, para efectuar llamadas engañosas a personas incautas (en su mayoría adultos mayores) y hacerles creer que sus familiares se encuentran pasando por una detención o un secuestro.
En estos casos, los facinerosos llaman a la víctima y le aseguran tener en su poder a algún familiar suyo y amenazan con hacerle daño si no deposita el monto estipulado a una cuenta corriente.
Otra modalidad frecuente es cuando los delincuentes se identifican como funcionarios de un Banco o de la Oficina de Normalización Previsional (ONP), y les indican que deben abonar un pago en efectivo en una cuenta y así cobrar un “seguro”, “devengado” o “reintegro”.
Otra estafa telefónica es el vishing, en donde el delincuente llama al cliente del banco haciéndose pasar como un operador telefónico del banco, solicitando información confidencial para ‘actualizar’ o ‘corroborar’ sus datos en su ‘base de datos’. Con estos datos, los delincuentes pueden sustraer dinero de la cuenta bancaria del cliente.
Los bancos nunca se comunica telefónicamente con sus clientes o usuarios para solicitar información referente a sus cuentas.





La despreocupación por el control y manejo de la información está haciendo que las empresas Latinoamericanas sean cada vez más vulnerables ante el robo de información que es vital para el funcionamiento de las mismas. Generalmente pensamos que esto sólo le sucede a grandes compañías que son hackeadas por delincuentes especializados. Pero, nunca pensamos que la mayoría de los casos que ocurren tanto en grandes como pequeñas empresas, son realizados por “enemigos internos”.

